LA RELIGIÓN
258. Ningún don pudo otorgarse más noble y excelente al género humano que la religión, la cual es conocimiento, amor y veneración 77 del Príncipe y Padre de la totalidad de este mundo.
259. Con ningún hombre se muestra Dios tan benéfico como con aquél al que enseña cual es su verdadero culto.
260. Por ello, el Salmista, entre los máximos beneficios de Dios al pueblo de Israel, considera éste: "El que anuncia su palabra a Jacob, su justicia y sus juicios a Israel. No ha hecho cosa semejante a ninguna otra nación, ni le ha revelado sus Juicios 78."
261. Dios es conocido mediante la religión y, una vez conocido, no es posible hacer otra cosa que amarlo y adorarlo.
262. Solamente Dios es el Príncipe, el Creador y el Señor del universo que todo lo puede y lo conoce.
263. Este mundo es como su mansión o, mejor dicho, su templo; Él mismo lo creó de la nada con este aspecto y ornato. Por donde tomó entre nosotros el nombre de "mundo" y entre los griegos el de "ornato" 79. El mismo lo rige y administra con un milagro no menor de conservación que de creación.
264. Y como en casa de un prudentísimo padre de familia nada [Pg. 48] se hace sin su mandato, así nada se hace en todo el mundo sin el mandato de Dios, omnipotente y omnisciente.
265. Él cuida de los ángeles, de los demonios, de los hombres, de los animales, de las plantas, de las piedras, del cielo y de los elementos; en una palabra, de todas las cosas, y éstas le obedecen.
266. Nada se hace, ni se mueve, ni sucede; ni siquiera crece una espiga, ni vuela un hilo sin que Él lo ordene y mande.
267. Esta es la ley del universo; no existe, pues, en la realidad ningún otro azar, ni fortuna o suerte.
268. Todo lo realiza Él con suma equidad y sabiduría, aunque sea por caminos desconocidos para nosotros.
269. Todo cuanto acontece a uno cualquiera, si es bueno, se ordena a su provecho, no al de estos miserables dineros o al de este efímero mundo, sino al de su eterna felicidad 80.
270. Así, pues, todo lo que acontece en esta vida, sea lo que fuere 81, hemos de recibirlo y aprobarlo con ecuanimidad como proveniente de Dios, su autor, no sea que por amor propio y por un juicio condenemos el designio y rechacemos la voluntad de aquel justísimo y sapientísimo rector de todas las cosas, Dios, porque no llegamos a entenderlo.
271. Es muy justo y piadoso obedecerle y prestar oídos a su palabra 82, alabar y aprobar todo cuanto hace.
272. Nosotros como niños, desconociendo lo que es mejor, lloramos porque no se nos da aquello que nos sería muy perjudicial pensando que nos es sumamente provechoso; y aborrecemos lo que nos es muy provechoso como si fuera enormemente perjudicial 83; de tal suerte que la mayoría de las veces nada nos resulta más funesto que entrar en posesión de aquello que deseamos.
[Pg. 49] 273. Y puesto que nos encontramos en medio de tan espesas tinieblas de ignorancia, plugo a Dios que nosotros solamente seamos responsables de las culpas dejando a su cargo todo lo demás.
274. Nosotros, lo queramos o no, hemos de cumplir lo que el rector de esta obra tan inmensa nos exige y manda: ¿a qué viene, pues, preferir ser arrastrados a ello entre lágrimas, con obstrucción y resistencia, antes que ser conducidos con alegría y de buen grado 84?
275. Sin duda todo el que es amigo de Dios obedecerá alegre y presto 85 las leyes y la voluntad del amigo.
276. Este es el motivo principal de amar a Dios, como dice Cristo: "Vosotros seréis mis amigos, si hacéis las cosas que os mando 86".
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Este proyecto ha recibido una ayuda de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte
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